dilluns, 5 de juliol del 2010

HV 7/i 9: Sueños enrejados

Mira per on que en aquest relat “xupo camera” a cor què vols. Perquè una altra cosa…, no arribo a enfilar cap odalisca  ni de “trasquitlló” i mira que tenia tot un harem sencer a tocar dels dits. En fi, encara que l’atzar sembla que em dugui al principi de la història al setè cel de l’Índia dels maharajàs, veureu  que el destí final en té reservat horitzons més grisos i prosaics, obscurs i inclements, diria. No em puc imaginar la tortura a la qual em veig abocat: compartir espai amb.... En fi, llegiu i riureu (o no... ).Tot i que, ja us aviso, la revenja serà sonada. 
Els artífexs de trapelleria: la Xurri, el Palimp, la Duschgel i, és clar, el tanoca.

_____________________________

Sueños enrejados


De la calle llegaban amortiguadas las voces y los gritos del bazar, ecos que se perdían pasillos adentro. Una vez más me había entretenido demasiado, e iba con prisas. Salí  corriendo escaleras abajo, una mano sujetando el pelo, el sari y el purdah; la otra recogiéndome un poco el sari para no tropezar, y me precipité abriéndome paso entre las otras chicas de la zenana hacia la mejor ventana del Hawa Mahal.

Allí estaban los caballos abriéndose paso entre la gente, arrastrando el carro donde bamboleándose -las manos y los pies en la picota- trasladaban al veí hacia la entrada principal del Palacio; le llevaban ante el Maharaja.

— ¡Miradle, es el que la semana pasada se asomó a la planta baja para espiarnos!  

—Sí, hablaba raro, preguntaba algo, pero solo se le entendía «Harem Futbol Club»  

—Pobrecillo, ¿qué creéis que le pasará ahora?

—Seguro que el Maharaja será magnánimo, total: el no sabía que lo que hacía estaba prohibido...

—Qué mono es... ¡pero qué  raro!

—Es que es europeo, dicen que allí  todos van así, con la cabeza destapada y sin turbante, y con esa especie de calzas pegadas al cuerpo...

— ¿Creéis que el Maharaja también se pone esas ropas cuando viaja a Europa?

Todas las chicas estallaron en risas a la vez.

—¡¡No me lo puedo ni imaginar!!

El veí desde su carro debió oir las risas, y elevó su mirada triste y desamparada tras sus gafas de patillas rojas hacia la ventana.

Era una pena ¡había estado tan cerca! Si no hubiera sido por ese eunuco bizco, que lo había visto aunque parecía que no miraba, ahora las más bellas mujeres del mejor harén del mundo estarían a sus pies otorgándole placeres inimaginables.

Todo había empezado en una librería de viejo de la calle Banys Nous, cuando compró un librito muy antiguo en cuya portada desgastada por el tiempo se leía Arte de seducir doncellas. Un texto lleno de sorpresas en el que encontró una referencia a un talismán que otorgaba a su poseedor la virtud de obtener el amor de cualquier mujer. La leyenda afirmaba que su posesión otorgó a Teseo los favores de Ariadna, y que lo depositó como ofrenda en el tempo de Poseidón situado en el cabo de Sunión.

"¡Qué casualidad!" Pensó el veí. Para las vacaciones de Semana Santa había contratado un viaje organizadoa Grecia y una de las visitas era ese cabo. Cuando días más tarde estuvo en el templo recitó la salmodia que aparecía en el libro. Esa noche soñó que Teseo le acompañaba hasta un árbol y que debajo encontraba el talismán. Al despertar volvió al templo y comprobó sorprendido que el árbol existía y, cavando en su base, encontró una extraña piedra tallada que se metió en el bolsillo.

Desde ese momento, todas las mujeres le miraban de otra manera. Sonrisas, miradas de deseo y acercamientos disumulados. Su primera conquista fue una belleza nórdica compañera del viaje organizado a la que sólo tuvo que pedirle que subiera a su habitación. Comprobada la eficacia del talismán tras varios éxitos, su siguiente objetivo fue una joven viuda millonaria que estaba de muy buen ver. Con ella empezó a viajar por todo el mundo, de cama en cama, hasta que decidió tirar la casa por la ventana y seducir a todo un harén.

No conocía las intenciones del Maharaja, pero no había sido el único viaje que había realizado, y todavía tenía algún as en la manga.

Eso lo tranquilizaba en cierto modo, a pesar de que tampoco echaba las campanas al vuelo. Es lo que tiene haber sido desde niño un tímido “del cagar” –como él solía decir: que vas con pies de plomo.

Tras una incómoda espera vigilada en uno de los reales aposentos que duró más de una hora (uno de los grandes gozos del Maharajá era hacer esperar a la gente, nunca era puntual en sus citas, ni siquiera las oficiales), al fin fue llevado en presencia del excelso príncipe hindú.

—Entrad, Veí, aunque no seáis bienvenido. Sabéis que sé lo que sabe mi eunuco... ¿no? ¿Qué os trajo a rebajaros a tal ruines trajines espiatorios, que no expiatorios?

El Veí dudó. No quería revelarle el asunto del talismán. Temía que se lo arrebatara. Lo agarraba con fuerza en el bolsillo de su chaqueta.

—Disculpadme, alteza. Creo que se ha producido un mal entendido. Aunque reconoceré que la causa que aquí me trajo tampoco es de lo más noble. —Carraspeó; el Maharajá lo observaba atento.— El asunto va de ligas... de fútbol, digo, ¿eh?, de fútbol. Como ya sabéis, en un par de meses empieza la liga femenina y bueno, ya sabéis que una de las tácticas más habituales es estudiar las tácticas ajenas. Y claro, esa era la idea que yo tenía...
—¿Y de veras creéis que mi club entrena en los baños?
—Bueno, si es que con estas instalaciones tan extraordinarias y sin un cartel que diga “Al campo de entrenu”, es normal que uno se confunda.

Una de las bellísimas doncellas del Harem Futbol Club no pudo resistirse a la voz del Veí (o a la fuerza del talismán, no sé) y entró en el salón con la excusa de servirles un té. Su contoneo delicado, sus gestos de seda, sus orientales y doradas curvas hacían crecer en el Veí un sentimiento... no, un sentimiento no... era aquello que una de sus amantes peruanas había bautizado como “Machu Pichu”. Ella se percató, y con disimulo le guiñó un ojo al “machu”. Y al “pichu” también.

—Ya que no me es posible averiguar si lo que decís es verdad o no —respondió el Maharajá—, y también me preocupa el asunto de la liga, os propongo un trato para que salgamos todos compensados…

*     *     *

El vuelo de una paloma despertó al Veí de Dalt. El ave frotó sus alas contra el cielo espeso y plomizo de la madrugada hasta aterrizar en una cornisa bajo la ventana de la celda. Desde que estaba en la cárcel, el Veí se despertaba con cualquier pequeño sonido: desde el tubo de escape de una motocicleta sin trucar, hasta los suspiros del Paseante que soñaba con su granja de los caballos en la litera inferior de la pequeña habitación.

El vuelo de una paloma despertó al Paseante. El ave frotó sus alas contra el cielo espeso y plomizo de la madrugada hasta aterrizar en una cornisa bajo la ventana de la celda. Desde que estaba en la cárcel de Can Brians, el Paseante se despertaba con cualquier pequeño sonido: desde el tubo de escape de una motocicleta sin trucar, hasta los suspiros del Veí de Dalt que soñaba con ser un príncipe hindú o un reyezuelo de Tombuctú, en la litera superior de la pequeña habitación.

A la hora del patio, el Veí y el Paseante callaban lo que habían soñado. Se limitaban a encestar en la canasta de baloncesto con sus camisetas cutre-imperio, a fumar en un rincón, a esquivar a la banda de los albaneses. Hablaban poco y preferían el silencio, uno junto al otro, protegiéndose.

El guardia grueso pasaba cada pocos minutos junto a ellos y les hacía sombra. Les quedaban diez años antes de salir en libertad.


© Xurri, Palimp, Duschgel i Paseante (juny 2010)
 

dijous, 1 de juliol del 2010

HV 7/8: Escriure la vida

És ella qui parla? És ell qui escriu? És ella qui fuig? És ell qui espera?... Segurament deu ser el relat més líric dels penjats fins ara en aquesta tongada (el "quarteto" és de por...); i també qui deixa més portes obertes i més interrogants sobre la taula. O sobre els papers. Perquè, en el fons, perquè és la vida sino és per escriure-la? En aquest cas, ens ho diuen l'Anna Tarambana, el Jordi Casanovas, la Silver Blue Sea i el Gatot.  Embriagueu-vos de sentiments...
________________________

Escriure la vida

El repicar de la pluja la desperta. S'aixeca, i obrint els porticons veu el mar que, com cada matí, la crida. Es mira els peus descalços sobre els taulons de fusta. La cicatriu gairebé no es veu, només es marca una mica al fer cada passa sobre el terra cruixent de roure destenyit. Cada graó fa un petit grinyol que acompanyat d'un moviment imperceptible fa balancejar les herbes que s'assequen sota l'escala.

Fa fred a la cuina i mentre posa a escalfar la llet es queda pensativa mirant cada flama del gas. Avui no podrà sortir, la pluja fa encara més difícil la seva condemna, obligant-la a quedar-se en aquesta casa que no sent seva. Des de la cuina estant, darrere les cortines comença a veure com la cua de turistes, malgrat la pluja, va formant un rosari de gent cap a les columnes dòriques emmarcades sobre el cel gris.

Es mira el rellotge de mà. Tres quarts d'onze. El correu electrònic sembla mort, i a casa seva, a mils de quilòmetres d'aquí, ningú no contesta. Vol marxar, vol marxar d'aquest lloc gris, en vol marxar tant com el dia que va decidir refugiar-s'hi. Cap Súnion va ser un amagatall tan bo, que ha començat a perdre's a ella mateixa. Quan deixa la tassa sobre el marbre de la cuina, ja ha decidit que farà.

El cop d'un porticó l'espanta i instintivament agafa el ganivet de tallar pa. Que burra, pensa, amb un somriure el deixa reposar sobre el marbre fred, i puja escales amunt. A cada passa, el plec de la pell marca la cicatriu.

* * *

A dos mil dos-cents metres d’altitud es fàcil tenir fred encara que sigui ple estiu i asseguda a una de les terrasses del Machu Pichu s’arrauleix per suportar les esgarrifances que li agradaria que només fossin de fred.

Amb la barbeta sobre els genolls, fita l’horitzó mentre el vent li esbulla els cabells. Obre el termo que duu amb te calent i se li’n va el cap a no fa massa i no pot reprimir un altre calfred. Li sap tan greu tot plegat i ni havent fugit fins aquest cul de món pot evitar el remordiment.

Potser ha arribat l’hora d’encarar-ho, però se sent tant covard i malgrat tot si en fos capaç...

Pel camí que serpenteja muntanya amunt es veuen arribar els primers excursionistes, els turistes ho faran més tard i seran més sorollosos. Llavors plourà, de fet com cada dia en l’última setmana. Se li acaba el temps.

De la motxilla en treu el portàtil i hi connecta el mòdem via satèl•lit, això li costarà els últims diners que li queden. Ajusta l’antena. Iniciant la connexió...

Encén el seu últim cigarret posant el cap dins de la samarreta. A fora amb el vent és impossible. Aquí dalt duren moltíssim, li han dit que és culpa de l’alçada i de l’oxigen.

Obre el gmail i escriu:

Estimada Anna:

No puc sinó reviure una volta i una altra aquell vint d’abril quan vaig marxar per a tornar a néixer...

I de sobte tanca la coberta del portàtil d’una revolada perquè és conscient que no pot trobar paraules que expliquin com es va anar alliberant de la seva màscara per a “ésser” sense clova, per a renéixer dins aquest cos on s’arraulia morta de por i on ara, s’hi sent bressolada per una mà ferma que la duu més enllà de sí mateixa. L’Índia, úter atàvic on rau el saber que l’ha duta fins al coneixement i l’ha feta renunciar a aquell món que l’ofegava, a aquell Primer Món, ple de llibertats i gàbies daurades.

Des de la Zenara, la seva cambra, observa la quotidianitat i el brogit dels carrers de Jaipur i referma la sensació que és just on vol ser. De fa dos-cents onze anys que aquestes parets guarden les dones de l’harem de les mirades alienes, dins el Palau dels Vents.

Tot passant les puntes dels dits per sobre la cicatriu recorda com als deu dies exactes de la seva arribada va ser marcada. Des d’aleshores pertany al seu Senyor i no s’ha tornat a posar en contacte amb els seus. A estones els pensa, però sent que no tornarà mai més.

I un so que l’encalma com una fera amatent que espera l’Amo li omple el cor i la ment en sentir que Ell arriba. De genolls, sobre la tarima càlida agraeix l’aire fresc que s’escola per les finestres i la mà que li acarona la galta, vellutant-li la pell i libant el desig que corre per ses venes irrefrenable.

—Als vostres peus, Senyor...—xiuxiueja, tot abaixant la mirada.

“Prou!”

És una veu greu la que s'exclama. Però no és la veu de cap Senyor... És una veu que ressona més enllà i més endins de les seves oïdes, del seu cap..., és una veu que li puja de les entranyes, com el magma quan vol fer forat al volcà.

Se n’adona. Es va precipitar volent escriure els més íntims sentiments disfressats de relat de viatge. S'havia deixat captivar per l'estil Subirós des que va llegir i es va deixar seduir per la seva Cita a Tombuctú.

Però no té encara les eines ni el saber fer dels que saben escriure i comunicar. I pensa si no estarà disfressant de cicatriu el que de fet no és més que un desig insatisfet i no acabat de pair. Es mira el seu reflex al vidre de la finestra que, ara que fosqueja, es torna com un mirall translúcid. Veu el fosc perfil de les cases contrastat amb el blau del cel de la primera hora del vespre. I ella, amb ulls de desig, en primer pla.

Tanca el portàtil. Agafa les claus. Baixarà a comprar-li dàtils a Hassan, a la fruiteria de sota casa. Avui, sí. Li dirà: “Hassan... vull que aquests dàtils siguin meus.”

I ell li dirà: “Seran teus si els vols de veres.”

El veurà somriure amb ulls riallers. Ella farà el gest d'amagar el propi somriure. Ella ja ha decidit que la novel•la s'escriu plana a plana, en cada gest, en cada mirada, en cada paraula.

I, fluixet, deixarà anar: “Jo avui seré teva si em vols de veres...”.

© Anna Tarambana, Jordi Casanovas, The Silver Blue Sea, Gatot (juny 2010)

dimarts, 29 de juny del 2010

HV 7/7: El preu dels diners

Som esclaus dels propis desigs? Dels nostres somnis? Hi ha una manera d'escapolir-se o de dir no als esclavatges? Als literaris i als de l'ànima? Com passem de ser espectadors a víctimes? En fi, ja ho entendreu si llegiu el relat que han bastit en Josep Braut, l'Albanta, el Mossèn i la Filadora.

_______________________________
El preu dels diners



«Ella havia arribat al Hawa Mahal feia quinze anys. Aleshores en devia tenir entre cinc i set; no més. Mai no li ho havien dit i mai no ho havia preguntat. L'enviat del maharajà l'havia comprada als seus pares per un sac ple de rupies. No era l'única. Amb ella havien comprat unes vint nenes més, totes elles formaven part del regal del maharajà al seu fill que llavors iniciava la pubertat.

Els primers temps van ser de gran joia: menjar, joguines, vestits,...; tot allò que s'explicava als pobles, tot allò que havien imaginat. Però a mida que passaven els anys s'adonava que allí on era, no era un palau sinó una presó; una gàbia d'on tan sols sortiria per anar a la cambra del seu senyor o a la tomba.

En aquell temps el maharajà morí i el seu senyor heretà el regne i el tron. Les concubines de l'antic maharajà foren expulsades de l'harem, tret de la mare del nou monarca que fou, a partir d'aquell moment, la mestressa.

Ella, aliena en aquests canvis, passava el dia mirant abstreta el carrer des de les finestres del palau. Va ser així que no s'assabentà de la visita del maharajà qui, enfurismat per aquella falta de respecte ordenà que fos venuda com esclava. I així va ser com va caure en mans d’aquell mercader d’esclaus, d’origen àrab.

L’àrab parlava sempre d’un país que ella no sabia pronunciar. Només sabia que estava lluny, molt lluny; més enllà de les muntanyes. Un país d’illes i runes, un país on embarcarien cap a la ciutat sagrada. «Això, si no us venc abans.», els deia.

Al vaixell dormien amuntegats entre saques de mercaderies i parament de la nau; entre barrils de licors i contenidors d’arròs i espècies aromàtiques. Dins la bodega, l’aire era quasi irrespirable, però no deixaven als esclaus sortir a la coberta.

Vint noies d’uns 7 a 20 anys, i uns altres tants nois de la mateixa edat componien la mercaderia. Un d’ells, la intrigava. Sempre tenia aquells ulls negres, grans i dolços, fixos en ella. I amb tot, mai li havia dirigit ni una paraula.

Algú va dir que havien arribat a Cap Súnion, a la costa grega; just quan el sol començava a pujar per l’horitzó. Un espectacle fascinant de llums i reflexos daurats se’ls oferia al davant, que entreveien entre les escletxes de la coberta.

Era el fi del viatge. Segurament tornaria a ser venuda com a esclava. I també seria l’ultima vegada que veuria al noi d’ulls grans. Allò li produïa molt més desassossec que no pas pensar en mans de qui aniria a parar.

El mercat de la ciutat era immens, i ja a aquelles hores del matí incipient bullia de gent i mercaderies. L’àrab els va dur fins a un lloc, mig amagat entre les runes d’un edifici, on ja hi havia altres grups d’esclaus de diverses procedències i quatre homes ricament vestits i d’aspecte pusil·lànime. La subhasta va començar en arribar-hi ells.

Van ser venuts en el mateix lot i encadenats l’un al costat de l’altre. Per primera vegada va sentir la seva veu xiuxiuejant-li a cau d’orella: Cuidaré de tu, no deixaré que ningú et faci mal. Va respirar fons, alleujada,...»

De sobte, un so melòdic activava un altre dels meus sentits i m’alliberava d’un estat hipnòtic produït per la lectura d’aquella interessantíssima novel·la. Era el moment de fer el gran esforç i empassar-me d’un sol glop tot un còctel de pastilles que hagués desitjat el mateix  Mr. Hyde.

Uns segons després, ja notava els efectes. Tremolor a les extremitats, sequedat de boca, incontinència urinària,... Em preguntava perquè no deixava d’una vegada de fer de conillet d’índies per aquella poderosa multinacional farmacèutica i evidentment, aquest dubte m’ho aclaria quan mirava el xec que rebia cada setmana amb una gran quantitat de zeros. Mai un número havia estat tan bonic.

Un cop feta la feina podia retornar a la novel·la, però curiosament just al costat del llibre hi havia un fulletó mig arrugat pel qual vaig sentir curiositat.

Machu Pichu a su bola !!! Descubra el verdadero hombre que hay en su interior. Descuentos de hasta el 8% en reservas efectuadas antes del 30 de febrero.

Alguna cosa no quadrava i no era capaç d’esbrinar-ho. Ho llegia una i altra vegada, però cada cop tenia la mateixa sensació. No volia capficar-m’hi així que vaig optar per el que era més sensat. Vaig estripar el paper i em trobava un altre cop alliberat.

Vaig decidir fer una migdiadeta i em vaig quedar totalment adormit. Al despertar-me al cap d’unes quantes hores em sentia terriblement trasbalsat. Havia tingut un somni molt real. Hi sortien els protagonistes de la novel·la: Ell i Ella; però ara ja no eren esclaus, eren homes lliures i crec que vivien a Tombuctú, a Mali. Vaig reconèixer la ciutat quan vaig veure la Madraza de Sankore, la universitat on Ell feia de professor.  Ella regentava una botiga on venia herbes medicinals. Tinc gravada la cara d’Ella dient-me alguna cosa, però no aconsegueixo recordar ben bé el què. La imatge és difosa però molt impactant, és com si em parlés directament a mi, al meu jo del present. D’avui. Semblava espantada.

Necessitava dutxar-me. Segur que relaxar-me m’aniria bé. Vaig omplir la banyera d’aigua calenta i li vaig tirar unes sals relaxants que m’havien regalat feia temps i que encara mai havia trobat l’ocasió per estrenar. Em vaig desvestir, em vaig preparar una copa de vi negre i em vaig ficar a la banyera. Però ni l’aigua calentona ni la copa m’ajudaven. Se’m va acudir que potser amb una mica de musiqueta... Així que em vaig incorporar, vaig sortir de la banyera deixant un regalim d’aigua al terra i vaig engegar el compact disc. Quan estava a punt de posar un altre cop un peu a l’aigua em va venir una tremolor a la cama obligant-me a fer una genuflexió que provocà que caigués a la banyera de cara avall. Em començà a entrar aigua a la boca i al nas; i just en aquell moment, com una visió, vaig recordar les paraules que Ella em deia en el somni: “Les pastilles et mataran”. Però ja era massa tard.

 

© Josep Braut; Albanta; Mossèn; Filadora (juny 2010)

dilluns, 28 de juny del 2010

HV 7/6: Nous horitzons

Cada cop els veïns em sorpreneu més. Una nova volta de cargol a les HV. Com donen de sí quatre indrets a quatre punts allunyats del planeta! Aquesta és la història d’una passió sobtada i d’una superació personal forjada en paisatges d’insomni. Ja se sap que la sorpresa pot sorgir en qualsevol moment… fins i tot menjant un iogurt! Un consell: agafeu-ne un, obriu-lo i aneu-lo assaborint al mateix temps que aneu entrant en la història d’aquest espadatxí del segle XXI. Un relat que és un plaer pels sentits, resolt amb la destresa d’uns mestres d’esgrima de les lletres veïnals: en Vullunfestuc, La Rateta Miquey, La meva perdició i Zel . Em trec el barret.
______________________________

Nous horitzons

He tingut una vida llarga i plena d'aventures digne dels rodamons del segle XIX. Podria emplenar pàgines i pàgines amb les coses que he vist, la majoria no se les creuria ningú. Podria emplenar encara més planes amb les coses que he fet, i la gent pensaria que exagero. Però ha sigut així.

I tot va començar el 2 de maig del 2010. Aquell dia era com qualsevol altre. No recordo res d'especial, només que a les 6, quan sortia de la feina, va ploure. Vaig arribar a casa xop i cansat. Després de dutxar-me per recuperar la temperatura, vaig berenar un iogurt grec amb galetes mentre mirava un programa documental a la televisió.
Tenia jo aquell iogurt amb el temple del Cap Súnion dibuixat a les mans quan vaig prendre una decisió. Volia fer classes d'esgrima. De fet, en aquell moment vaig fer uns petits moviments amb la cullereta del iogurt que volien imitar un atac amb l'espasa. Mai a la vida havia tingut res tant clar, volia ser el millor espadatxí de la història. No sabia l'edat ideal dels lluitadors d'esgrima, tot i que suposava que ja començava tard, ni tant sols coneixia un mestre del florí perquè me n'ensenyés, així que havia de posar fil a l'agulla. Vaig tirar l’envàs del iogurt a les escombraries, vaig cordar-me la jaqueta i vaig sortir al carrer a la recerca del meu nou somni; l'esgrima. Qui hauria dit, que aquella decisió em duria fins aquí.

I el pitjor és que, de tot això, no en trauria res de bo. La Irina ja m'ho va dir quan ens vam acomiadar a l'aeroport. Entenia el meu sobtat interès per l'esgrima, que volgués estar catxes, que fes esport…, però de cap de les maneres podia —ni volia— entendre que superés les meves pors fent d'espadatxí. Espadatxí??? I que vols! Això em va doldre.
I ja em veieu dalt d’un taxi 4x4 observant la línia de l'horitzó i tan sols es veia el color ocre envoltant-me per tot. Al lluny podia distingir les cases altes fetes d'adob (suposo) que podem anomenar gratacels del desert. Són les que m'avisaven que estavem arribant a Tombuctú. Tenia por? No. No pas. No sé com trobaria en Taubha; però sabia que era aquí.
Vaig pagar el taxi que havia llogat a Bamako, i em vaig assegurar que duia el bracamante ben col•locat al cinturó. Em vaig apartar abans que el camell decidís seure's en l'espai que jo ocupavva. El trànsit per aquestes latituds és difícil per a un home de ciutat com jo. M'havien dit que busqués en Taubha, al Café Noir, que ell em podia iniciar en el món dels mensur . Dubtava si arribararia a temps abans no marxés a difondre el seu coneixement a d'altres bandes del món, de si sabria suportar el dolor de les ferides, de si estava fent bé perdent el cap per una cosa que no coneixia. Però des que vaig sentir la paraula Mensur aquell 2 de maig que no havia fet res del dret.

Per sort, el vaig trobar. I desprès d'ell vingueren molts altres grans mestres, que m'obriren les portes de coneixements secrets de l'art de l'esgrima en totes les seves vessants. Han passat deu anys, la major part d'ells, dins de coves a la serralada de Sulaiman, on vaig rebre ensenyaments dels mujahidíns islàmics. Un matinada, resant cara La Meca, vaig tenir una revelació. El passat va tornar a mi, en va toranr a mostrar aquell l'home intranscendent, que emprenia una nova vida gràcies a un iogurt.

Vaig desfer-me de tots els meus lligams, tot i que no va ser fàcil. I vaig començar a vagar pel món, viatjant de pobra manera, conservant el meu estimat bracamante com a única possessió, i el meu amor per Al•là que ja no em va abandonar. Vaig pidolar per pobles i ciutats un rosegó de pa a canvi de les meves exhibicions amb l'espasa. Vaig esdevenir un “derviche” mendicant, per donar les almoines a gent més pobre i aprendre humilitat.

Buscava un nou sentit a la meva vida i pensava que mai el trobaria fins que vaig sentir a parlar dels kshatriya, casta guerrera dels Rajputs, mítics i reverenciats guerrers que havien viscut a l'Índia i al Rajasthan. Si volia trobar els descendents d'aquests homes, em van dir, tenia que arribar fins el magnific “Palau dels Vents”, el Hawa Mahal, el palau vermell amb forma de paó, i desxifrar els secrets de les seves 953 finestres.

Qui m’havia de dir, que justament aquell palau seria la fi i el principi d’una vida ara sí, plenament nova.
Les 953 finestres em van dur a la misèria més absoluta. Recordeu? Em vaig haver de desfer de tot el que tenia abans d’arribar-hi, i en ser allà al davant, només amb l’inseparable coltell em vaig adonar que potser, només potser, hauria d’haver servat alguna altra cosa.
Digue-me babau, digueu-me il•lús. Però per molt d’amor que un tingui a Al•là, d’això sol no es viu. Mendicar per menjar, xixó com un porc, amb un color de pell indefinit, allò que realment cridava l’atenció era el refotut bracamante. A veure a qui feu creure que un objecte com aquell és realment teu i de ningú més!

Amb l’arma ben ajustada al cinyell, admirava jo la meravellosa façana quan, en un tres i no res, tenia mig regiment de polícia regirant-me de dalt a baix. El meu tresor preuat va desaparéixer confiscat per raons de seguretat. Considerant que no són bones èpoques per anar armat, ara recordo els dies de presó com un malson. Tot té un preu, i aquest va ser el de la meva bogeria. 

Ni somiar de contactar amb l’ambaixada. Prou que vaig recordar els advertiments de la Irina, massa tard, com és costum en mi.
La sort, per donar-li un nom, em va arribar amb la visita d’un diplomàtic peruà. Era allà per tractar d’intercanvis de presos polítics. L’home em deia el que volia, suposo que traduint el que l’interessava. Per si de cas vaig dir a tot que sí. Que ningú em faci explicar com vaig trobar-me dalt d’un avió en direcció a l’Amèrica del Sud. Ara que ho penso, el més refotudament graciós fou quan em van dur un iogurt amb una mitja rialla sorneguera, abans de sortir de la garjola...

I aquí em teniu, treballant de guia de camins inques al Machu Pichu (només cali mirar-me els peus per entendre que de caminar en tinc tota una llicenciatura!). No és pas de gust, però. És el preu que pago per la meva llibertat. 

Ara, de nit, he trobat un espai de silenci. Enyoro la vida que duia, i ja no recordo l’esgrima. Tinc d’altres cabòries, quan al matí, només de sortir el sol, veig les ombres misterioses de les pedres. Hi ha èpoques de l’any que espero els colonitzadors espanyols, d’altres imagino lligams amb móns llunyans en l’espai i el temps. La història i les llegendes poden amb mi...i sinó, de debó penseu que hauria acabat així allò que va començar amb una cullereta?

Cal que us expliqui que és l’azimuth? El cert és que encara hi ha llocs on la vida pot ser meravellosa. I sí, començaré a escriure el meu llibre. Tinc temps. Tinc un escenari. Tinc vivències enmagatzemades. I, el millor, és que hi ha misteri. Perquè encara ara, fent comptes, no entenc com puc haver voltat mig món sense un trist euro a la butxaca.

© Vullunfestuc, La Rateta Miquey, La meva perdició i Zel (juny 2010)

diumenge, 27 de juny del 2010

HV 7/5: Crisi

Hi ha atzucacs que la memòria no aclareix. Hi ha moments de crisi que un simple esguard desencalla. Hi ha desigs amagats que un paisatge Potser és aquesta la moralitat de la història. Un relat que broden amb fil d'argent daurat la Violette, la Joana, en Carles i la Viuillegeix. Un quartet d'alçada. Un relat de nivell. I és que ens superem dia a dia, relat a relat. Qui ha dit que estem en crisi? El replà, segur que no.

____________________________

Crisi


Ja feia una hora i mitja que conduïa per la carretera de la costa. Li agradava conduir i descobrir darrera d’algun d’aquells revolts, de vegades tan tancats que l’obligaven a girar el volant amb rapidesa, el mar platejat sota el cel gris d’una trista tarda de primavera. Va engegar la ràdio: «...des d’Espeleta fins a Timbuctú, vull anar-me’n d’expedició amb tu... fumar-nos tooot l’haixix del Curucuuú...» Timbuctú? El cantant havia dit Timbuctú? Així doncs, no era Tombuctú? Aquell nom de ciutat llunyana li sonava vagament però ara mateix era incapaç de poder-la situar en cap mapa. Àfrica? Amèrica? Àsia? Quan temps feia que no consultava un atles? Quan temps feia que no marxava de viatge? De sobte, li va semblar que li faltava l’aire. Va abaixar la finestreta del cotxe i va respirar profundament. L’aire, salat, humit i dens, li va refrescar els pulmons. Feia dies que notava com li costava respirar amb profunditat i ara li havien vingut ganes de plorar. Des que s’havia separat només vivia per treballar per mantenir el seu fill. El seu ex-marit no li pagava la pensió que havien acordat, des de feia mesos, i la feina de comercial que feia per l’empresa de productes ecològics era massa dura en aquests temps de crisi. Crisi. Quina paraula tan aguda, va pensar. Per crisi, la seva. Feia anys que se sentia en crisi. Crisi de parella, crisi personal, crisi econòmica, crisi mundial... Estava cansada. Molt cansada. Cansada de paraules buides, de responsabilitats immediates, d’esperances trencades... Ara mateix voldria ser molt lluny. Per exemple, a Timbuctú. O era Tombuctú


El que de sobte li va venir al cap va ser el darrer llibre que acabava de llegir Cita a Tombuctú de Pep Subirós. Un viatge interior. Un viatge físic a la bonica ciutat de Mali. Una història d’amor fora dels convencionalismes. Ara ella necessitava un viatge així. Desintoxicar-se.

Sola? Seria capaç d’aventurar-se?Ara ho veia clar…Era Tombuctú…El cantant li ho va fer recordar. Un altre cop va sentir el cor a la gola.

Conduïa distreta, emmarcant els blaus i els verds de la costa que anava serpentejant. Aquella barreja de colors la va transportar vint anys enrere. Atenes. El sabor del vi blanc afruitat del barri de la Plata. El Sirtaki. El cos al compàs de la nit. Els capvespres sota les columnes de marbre blanc de l’impressionant Temple de Posidó.

Sí, amb vint anys havia agafat la motxilla i enmig de teles de lli i d’uns ulls verds maragda va trobar l’home dels seus somnis. Un viatge on res era imprescindible. A una terra on Lord Byron va descriure amb un poema : «Porteu-me al pendent de marbre de Súnion, on res, només les ones i jo, pugui escoltar els nostres xiuxiuejos passar…».
Durant aquells anys a Grècia la vida es va limitar a descobrir un món fascinant de la civilització grega, contemplatiu i enriquidor. Nits de passió sobre el mar Egeu…
Per què l’amor s’acaba?

Es va sobresaltar quan, mentre a la ràdio el poeta Luís Garcia Montero recitava Cabo Súnion, de lluny va veure la silueta retallada d’un home fent autoestop a la dreta de la carretera.

Es va aturar.

Una vegada que el jove autoestopista s’hagués assegut al seient, semblava que se’n penedia de l’impuls inusitat de recollir-lo i es retreia en els pensaments que li havia aixecat el poema que acabava d’escoltar, en els bojos anys grecs i en la recialla que li’n va quedar, aquella sensació de l’amor com “un fris desgastat” i del seu record com el “marbre gelat d’una passió antiga”.

Sí, aquells foren anys de passió desfermada i també d’amar sense fer ni consentir lligams..., almenys així ho creien ella i en George quan van decidir de formar una parella “lliure”. Fins el dia que, mentre participaven en la rotllana que es trenava cada dia a la caleta, ella va saber que George feia l’amor amb una altra. A penes va tenir temps de pensar si aquella revelació no era deguda a l’efecte desficaciat que aquell vespre li produïen les pipades de haixix quan, en el lloc de George, va aparèixer la Sarah acaronant-li lentament el braç i xiuxiuejant no-sé-quines-coses del Hawa Mahal, un bell palau hindú ple de finestrals on el vent agombolava tothora un harem de dones en un vaivé de plaers compartits mentre esperaven el torn de satisfer el mascle. «Nosaltres també...», mussitava la Sarah mentre l’anava arrossegant cap al catau, de més en més inerme, orejada per estranys estremiments. Quan l’endemà es va despertar, embolcallada en la carn tèbia de l’altra, va fugir esmaperduda del llit i de l’illa. Després, ja se sap. Vint anys de fer bondat, de viure ran de terra, pendent de no perdre peu... Fins que ho havia perdut tot.

Va sacsejar el cap com per esbandir tants records i va mirar cap al jove que li retornava l’esguard, rialler. I de sobte va sentir el desig d’elevar-se.


El mirava de reüll, concentrada en els revolts de la carretera. Escoltava el parlar desenfadat i fresc d’aquell autoestopista rialler. Anava a treballar a un bar de platja tot l’estiu per fer calaix i al setembre emprendria el viatge del seus somnis d’infantesa: el Machu Pichu i els tresors dels maies que les històries de Tintin li havien posat al cap. Mentre parlava movia les mans i ella endevinava que els seus ulls seguien el mateix ball. No s’havia fixat en el color dels ulls però es va apostar a si mateixa que eren de color avellana. Li va fer somriure aquest pensament: quantes vegades amb la Mireia jugaven a endevinar el color dels ulls de la gent, i el fart de riure que es feien tant si l’encertaven com si no. Se li va quedar el somriure penjat als llavis de pensar en la seva amiga de l’ànima. Es va adonar que l’autoestopista havia callat i la mirava. Va girar-se breuement i li va veure els ulls somrients. Avellana, és clar. Va riure obertament, i ell la va acompanyar amb una riallada franca i oberta que encomanava encara més les ganes de riure.

Arribaven al poble. Ell li va demanar que el deixés a la primera rotonda i va saltar del cotxe amb un adéu fugisser, una picada d’ullet i un somriure dels que creen addicció. Li va tornar el somriure i va tornar a pensar en la Mireia: ella també tenia un somriure additiu que tenia el poder de canviar-li l’humor. Mireia, la seva eterna taula de salvació, el somriure que l’havia acollit quan es va trencar després dels seus anys de vida ordenada i s’havia desempallegat del marit imbecil i convencional. I encara abans, l’havia acollit quan estava esgotada amb el nen acabat de néixer, la mare malalta i el cabronàs del seu germà entrant i sortint de la presó. I encara abans, en tornar de Grècia, amb l‘orgull a bocins i confosa per l’aventura de l’última nit amb la Sarah. Ella l’acollia sempre, amb un somriure ample, una abraçada càlida que no esperava res a canvi i una fidelitat que commovia.

De cop ho va entendre. Una esgarrifança de plaer li va recórrer l’esquena, li van saltar les llàgrimes i un crit alliberador li va sortir de l’ànima : «Mireia, vida meva, com puc pensar que estic en crisi?»

@ Violette, Joana, Carles Mulet i Viuillegeix (juny 2010)

dissabte, 19 de juny del 2010

HV 7/4: Somnis de paper

Seguim amb més relats. Realment donen molt de si quatre indrets geogràfics. Veig que a tots ens va la vena amorosa. Aquí, els quatre veïns i veïnes de l'escala mesclem viatges, desigs, mirades, ... i un relat dins el relat. Un curiositat: hem posat el mateix nom al noste protagonista  que el de la història anterior (Roger). Coincidències veïnals! Els artífexs? En Puji, l'Arare, el veidedalt (un servidor) i la Clara, que s'estrena en això de les HV.
__________________________

Somnis de paper

La ruta transsahariana estava molt transitada en aquella època de l’any. Durant tot el trajecte havia compartit ruta amb mercaders berebers. Anaven amb els camells carregats de pells, llana i herbes medicinals. S’havia creuat amb comerciants ghanesos, dirigint caravanes d’homes negres carregats fins a dalt d’or, ivori i pedres precioses, que ignoraven que ells mateixos formaven part de la mercaderia.

La seva cara, que s’havia enfosquit amb el sol del desert, i el turbant berber, que havia comprat a Ouarzazate, havien camuflat el seu origen europeu durant el llarg viatge; però ara, alliberat de les vestidures, la seva pell nua i clara contrastava entre les cames brunes de la Fàtima, la filla petita del rei Musa, senyor de Tombuctú.

El rei li va oferir un ramat de trenta camells a canvi de les joies robades un any abans a Nahmanides, rabí de Girona. Just acabat de tancar el tracte, la Fàtima el va arrossegar d’amagat a la seva tenda privada, on, completament nua excepte pel vel que li cobria la cara, li va fer l’amor salvatgement entre coixins de seda xinesa.

Amb la Fàtima reposant sobre el seu pit, i les pessigolles de l’orgasme encara recorrent-li el sexe, va començar a planificar el següent moviment. Girona, Tortosa, Algesires, Tetuan, Ouarzazate i Tombuctú. Ara oferiria els camells a algun negociant que tornés cap al nord, i depenent de la mercaderia obtinguda decidiria el seu proper destí.
*  *  *
Mentre contempla la posta de sol, Damaris pensa en ell mentre acaricia aquell retall de roba blava,únic testimoni de la seva diminuta, ínfima història d’un amor absurd, insòlit, impossible, potser somiat.

A Ouarzazate ella li va voler comprar un turbant d’un blau tan viu com el color del cel que veu cada matí a Cap Súnion, a casa seva, tan a prop del temple; zona turística, sí, però privilegiada...ella volia un turbant i ell, fixant la negror dels seus ulls en la pal·lidesa verdosa dels d’ella, li digué:



—Te’l regalo.
—Per què?
—Quina importància pot tenir aquest regal, quan en els ulls que tens davant s’hi reflecteixen espurnes de sol i de mar i tots els poders de Posidó? Com et dius
—Damaris. Però, com pots dir-me totes aquestes coses si no saps qui sóc ni d’on vinc?
—Dona casada. Et preferiria lliure – digué.
—Com saps el significat del meu nom?
—Sé moltes coses, jo. He viatjat per molts països, porto molts més anys dels que et podries pensar, donant voltes pel món. Saps? Res no és el que sembla, noia grega.

Durant els dos dies que va romandre a Ouarzazate, visitant khasbes amb el seu marit, no va poder resistir la temptació de tornar a veure aquell home que li havia endevinat procedència, passat, present i el significat del seu nom. Remogué cel i terra, preguntà als habitants de la zona, entrà en mercats i botigues, en cases particulars. Se l’havia empassat la terra. Tornà a la seva Grècia natal, però no el pogué oblidar. Ni tampoc el tatuatge que duia al seu braç, amb un nom de dona: Fàtima. Encara n’està gelosa.


*  *  *

—Què escrius? Qui és aquesta Fàtima? —l’Amaru s’havia aixecat del llit i, venint pel darrera, sense que ell s’adonés, l’encerclava el coll i mirava els fulls que tenia al davant, damunt la taula, per sobre el seu cap. En Roger notava els mugrons turgents, els pits molsuts, prement-li l’esquena.
—M’has espantat! Dormies, no et volia despertar...—i li va dir mentre li feia un petó tendre als llavis.
—Fa estona que et veig traginar amb els papers...Torna al llit —i mentre li ho deia, l’estirava del braç i es deixava caure enrere, sobre el matalàs.
—Ah, si? Què em faràs?
—El que vulguis... —i mentre li ho deia, li oferia el sexe obert, refulgent, sobre un pell d’un morè oliva, voluptuós. No ho podia negar. El seu cos li encenia l’ànima. I aquells ulls el tenien encegat.
—No sé si és millor que acabi aquest conte o venir a fer de conillet d’índies....

Ella va riure.
—Em tens por? Deixa la Fàtima aquesta i veuràs el que et sap fer una dona quetxua amb nom de serp
—Amaru, el teu nom és tot un presagi. Podria escriure sobre tu i no em cansaria... —li digué mentre l’observa des de la cadira amb el bolígraf a la mà. Podria fer que en el conte coneguessis aquesta Fàtima, allà a Grècia.
—Sou rars els escriptors...Mentiu dolçament. I la gent creu les vostres històries—i va afegir— Què diries de mi?
—Necessitaria una vida sencera per descriure’t...
—Veus? Mentider! A quantes els has dit això?
—A moltes. Massa. Però amb tu és cert...
—Sí, sí... Ja em van dir a l’agència que vigilés amb tu. Tens mala fama, ho saps?
—I tot i així, vas ser tu qui va venir a buscar-me..,
—A les dones ens agradeu una mica dolents i una mica nens. Com tu.

Amaru era una guia turística peruana, de Cuzco, però de pares caribenys. S’havien conegut a través de la revista de viatges on ell treballava. Ella havia de ser el seu contacte durant aquelles dues setmanes al Perú, on en Roger havia de fer un article sobre les restes arqueològiques inques dels Andes. Alhora, volia aprofitar per enllestir un llibre de relats d’històries d’amor a diferits indrets del món.
La darrera nit havia estat una còpia de les deu anteriors. Des que s’havien creuat les mirades va tenir la certesa que havien de fondre’s sota els llençols. A la tercera nit, ja ho havien aconseguit. Ara, després de quinze dies viatjant per la regió, ell havia de partir amb una nou encàrrec a l’altra punta de món. A punt de néixer el nou dia, cremaven la darrera nit d’amor des de l’hotel luxós que era a tocar de les runes del que havia estat la darrera morada de l’imperi inca.

—Tenim tres hores abans que agafis el tren de Cuzco. Deixa’m un record teu....—va fer ella, mentre li baixava els calçotets i apropava els llavis al seu sexe enravenat.

Ell ho tenia clar.

—Vine amb mi
—On?
—Vaig a l’Índia...a Jaipur.
*  *  *

Centenars de finestres per obrir. Desenes de cors trencats i apedaçats en els anys de vida viatgera de punta a punta del planeta. Ara, al rovell de l'ou rajasthaní, la roja Jaipur, somniava en obrir la finestra encertada. La definitiva?

La princesa l'esperava vint minuts més tard al final del passadís de la sala de les dones del Hawa Mahal. La sala d'esbarjo d'aquell palau dels vents folrat de finestres. Eren com ulls des d'on es podia contemplar la ciutat, sempre sota l'insuportable brunzit dels carrers. Però sabia que ningú els veuria a ells... com passava amb les princeses d'abans.




En Roger es va tapar les espatlles i part dels braços amb el turbant blau que a l'Índia s'esqueia perfectament amb els brillants colors dels vestits de les dones. Semblava que volia amagar alguna cosa, potser un tatuatge amb el record d'algun amor del passat que encara causava calfreds a la boca de l'estómac... I va recordar el verd profund d'aquells ulls. Amb un gest decidit va tancar la porteta de la finestra i es va dirigir amb pas ferm cap el lloc de la cita...

Compte enrere i més dubtes. Potser havia de girar cua i fugir d'aquella fortalesa. Ell va vacil·lar. Els noms de les altres passaven fugaçment pel seu cap, confosos, estranys... i quedaven pocs minuts.

Però el record d'un perfum conegut el va tornar al lloc i hora de la trobada. Va seguir caminant, no gaire, els passos suficients que l'aproparen cap a la sala d'esbarjo.

Allà era ella. Observava Jaipur amb la seva mirada inoblidable per una d'aquelles finestretes. La llum del capvespre reflectia el color vermellós de les parets del palau del vent al rostre quasi bru de la princesa peruana.. Ella es va girar i li va travessar l'ànima amb el punyal dels ulls. La seva boca molsuda el convidava a un desig insuportable...

En Roger va fer el darrer glop a la tassa de te que tenia sobre l'escriptori. Cansat, després de tantes hores davant la pantalla, va posar punt i final a la jornada de feina. Calia anar a dormir.

Una veu femenina el va cridar des de la cambra:

—Vens, amor? Ja és hora...

A Girona els hiverns són freds i humits.

@Puji, Arare, El veí de dalt, Clara (juny 2010)

divendres, 18 de juny del 2010

HV 7/3: Un viatge en blanc

Ai, els cors trencats! Què difícils de consolar! I els bells records que en entotsolen l'ànima... Sempre apareixent qunt menys te'ls esperes. Mai sabrem cap on ens encaminaran... Mireu-ho com un resolen la Khalina, el Té la Mà Maria, la Cris i l'Avi en un viatge a l'interior de l'ànima i... de les històries veïnals.Final obert o tancat?

________________________

Un viatge en blanc




La Laura es va aixecar precipitadament. No volia oblidar aquell somni. Va córrer a agafar un full en blanc i va apuntar “Súnion”. Seria aquell somni la clau per trobar en Jordi?

Va sospirar mentre obria l’ordinador. Era una mica imbècil obsessionar-se per algú que no veia des de feia vint anys. Li havia perdut la pista a la Facultat d’Econòmiques, entre segon i tercer curs. Li havia sabut greu, però va començar una vida sense compromisos amorosos, gaudint del sexe amb diferents parelles esporàdiques. Als trenta, va conèixer en Robert. Creia que era la parella perfecta. Es van casar, eren feliços; fins que quatre mesos abans, la Laura va descobrir que en Robert li havia fet el salt unes quantes vegades. Plors, separació i recerca d’un consol buit en diferents cites. I ara, portava una setmana pensant en el Jordi. No sabia perquè, però volia retrobar-lo de nou. Havia intentat buscar-lo per diferents xarxes socials d’internet. I ara aquell somni! Recordava com un cop en un xat havia trobat en Jordi sota el nick de Súnion. El trobaria de nou en el xat? O potser el somni era només un indici? Hauria d’agafar un vol fins a Grècia per vacances?

Però la idea d’anar a Grècia li destarotava el pla somiat de feia anys: viatjar al Machu Pichu; un destí llargament anhelat, un paratge d’insomni al Perú. Però el record del Jordi era molt fort. Recordava aquelles vacances amb els de la facultat, a Eivissa, al càmping nudista de Santa Eulàlia: unes herbes eivissenques, uns porrets i una posta de sol a la platja, van fer el fet. Com de bonic pot ser el sexe quan s’està enamorat!

Van decidir anar viure junts a aquell piset a prop de la Via Laietana. Ho compartien tot: llit, menjar i feines de la casa —poques, la veritat sigui dita. Eren una parella molt ben avinguda. La malastrugança va arribar aquell dia plujós de tardor, quan el Jordi es va trobar a la Marta, al bar del costat de la facultat; una antiga coneguda del poble amb qui sempre havia mantingut un estreta relació entre l’amor i l’amistat. Uns vinets van acompanyar el retrobament i els van fer acabar al llit de casa seva, amb la mala sort de que la Laura va aparèixer en el moment en què menys se l’esperava. Com es normal en aquests casos, la Laura va desaparèixer de la vida del Jordi, fins i tot va deixar la universitat on compartien estudis.

En Jordi va acabar Econòmiques i es va establir-se fora del país, a Grècia, on va muntar una consultoria que assessorava empreses amb ganes d d’expandir-se a l’estranger. Va prosperar en el seu camp, aprofitant la bonança econòmica del moment.

Pel seu cantó, la Laura, després d’haver descobert la traïció d’en Robert (la segona en la seva vida!), va decidir que necessitava un canvi d’aires, i tot i que no tenia massa quartos, va emprendre el viatge tan anhelat per ella, i va marxar cap al Perú. Una motxilla amb quatre coses i el passaport, res més. Els records es van quedar a Barcelona. Quan era ja dalt l’avió, li va entrar una mena de pànic: seria bona idea haver marxat així, tan de sobte? I si alguna cosa no anava bé? Va sospirar pensant que ja era massa tard. Aclucà els ulls, deixa reposar el llibre que estava llegit, Cita a Tombuctú, sobre les cames i només enlairar-se el vol, es va adormir. Un altre cop va somiar amb en “Súnion”.... Ell altre cop al seu pensament, i els fantasmes d’en Robert i en Jordi rient-se d’ella alhora, enganyant-la, en diferents moments de la seva vida. Quina pena! Va aterrar després d’unes hores interminables. Ara tenia dues setmanes per endavant, per oblidar-se de tots dos homes. Ferida com estava, només tenia ganes de conèixer indrets nous i aprofitar cada minut del dia. Un autobús la va dur al seu hotel. Un jove, amable i atractiu recepcionista la va atendre i li va dir que si necessitava qualsevol cosa, li demanés. El seu nom era Armando. Li va picar l’ullet quan anava cap a l’ascensor. Un tímid somriure es va escapar de la boca de la Laura. No estava gens malament el xicot, no senyor. A l’entrar a l’habitació va asseure’s al llit i unes llàgrimes li van lliscar galtes avall...

Per distreure’s va posar en marxa el televisor. Estava sintonitzat el canal del National Geographic on feien un reportatge de Hawa Maha, El Palau dels Vents d l’Índia. Malgrat la qualitat de les imatges, els prestava poca atenció. Tnia el cap amb tots els fantasmes que brollaven en la seva ment, de sobte...

...

...


de sobte, ...

...

...

S’havia quedat en blanc. A la pantalla de l’ordinador estava els textos que l’hi havien enviat els altres companys. Ell els mirava i no sabia com continuar i posar un final sorprenent al relat.

Llavors va maleir el dia en que va acceptar participar en la nova tongada de les Histories Veïnals.

Va assaborir un nou glop de whisky. Va encendre un puro i va continuar pensant.

Collons que difícil era acabar el relat...

de sobte,...
de sobte...

Mentre pensava va veure que en el correu tenia un nou missatge.

Va anar a la safata d’entrada i allà estava.

Missatge de «Súnion»

@ Khalina, Té la Mà Maria, Cris V/N, L’Avi (juny 2010)